lunes, 06 de abril de 2009

Esa tarde de vacaciones fue una más de las miles que esperaba con avidez para demostrar que había aprendido a patear la pelota y que mis dotes futbolísticas podían darme algo de ego mas autoestima que perdí algún día y me costo bastante recuperarla. Llegamos a la bendita losa que se había salvado por gracia de su naturaleza del robo y destrucción de nuestro parque en la primera zona de Colliq, los primeros minutos siempre fueron los mas difíciles porque era alejarse o acercarse a un grupo u otro y tenia un sabor a traición irse al contrario porque obligaba a enfrentar a tus propios amigos, resultaba muchas veces todavía no comprendida entre nosotros por nuestra poco conocimiento de las relaciones humanas por nuestra forma que aprendimos a vivir en esta parte de la Lima que aun estaba escondida para la capital.

Siempre éramos entre doce a catorce jovenzuelos ávidos de tardes de patadas, risas y mofa entre nosotros ante la tarde que no invitaba a recorrerla o solo era entretenerse en algo que calcine tanta energía que teníamos y nuestro tiempo y oficios de esa época permitía que pulverizáramos horas y horas dándole de patadas al balón y muchas veces a un amigo. Las tardes eran polvorientas y soleadas generalmente esperábamos a las cuatro de la tarde para empezar con nuestra rutina de juego, esa losa deportiva fue testigo de mil jugadas y risas, también caídas fuertes y golpes en medio de la lid futbolística. Nuestro escenario deportivo que tenia como única infraestructura una losa deportiva y dos arcos de fierro que por gracia de los amigo de lo ajeno sacaron los pirantes traseros las diagonales Perón nos dejaron el tubo que delimitaba ante la losa el marco metálico necesario para certificar las anotaciones. Recuerdo que una de las grandes habilidades que desarrollamos todos los que hemos jugado en estas condiciones es la mirada fotográfica que llaman nuestros amigos los policías, porque teníamos que certificar el gol solo con una mirada fugaz, en una  reacción en centésimas de segundo en cualquier ubicación que la contienda te ubicada el campo de juego. Medir tu ángulo de visión, la distancia entre el marco y el balón, la deducción si pasó delante o detrás del marco y a velocidades de 80 km/hora, muchas veces en horas sin luz solar era como para desarrollar habilidades que ahora uso en los negocios.

Nuestro punto de reunión de todas las tardes quedaba a un costado el Colegio 2086, en su parte frontal estaba rodeada de una pirca de piedras que encerraba un jardín delantero que nunca tuvo flora alguna, solo vi en todos los años fauna canina libre de amo alguno, dando vueltas en busca de comida, según me indica mis recuerdos.

Segundo, Frank, Carloncho y Cheche, eran amigos muy cercanos tenían entre 16 y 18 años y no estaban nunca dispuesto a jugar con nosotros pero todos los días desde el campo los veía pasar en medio de conversaciones y charadas, propias de su edad pero no comprendida, porque no estaba tras las chicas como otros, no jugaban con nosotros o con los otros, tampoco tenían oficio conocido, su mundo era juntarse en medio de risas y caminar de un lugar y otro al inicio de la tarde los divisaba y luego desaparecían por otra calle ya entrada la tarde se sentaban en esta pirca de piedra como espectadores de nuestro fragor adolescente. Disfrutaban unos minutos entre saludos, voces de burla o mofas  y carcajadas, nosotros estábamos concentrados en nuestra rutina y poco o nada atendíamos porque no eran referentes de buen juego o juego mismo. Terminaban las atenciones al mundo que los rodeaba y los cuatro amigos de concentraba en sus quehaceres propias, podía ver que entre risas y reclamos airados se dedicaban a elaborar algo como origami en miniatura y con una habilidad que terminaba con un paso por los labios del arte terminado, cada uno realizaba su trabajo independiente a la mejor manera que le permitía el aire de esas tardes doradas de verano y los ventarrones esporádicos que alternaba su trabajos manual. Enseguida la labor más intensa, delicada, como tomar de un vaso con agua echado, propio del comando mejor entrenado en los cuarteles mas prestigios del mundo, resulta prender con fuego el trabajo manual que tanto había costado. Luego de ello se venían los gestos de alegría desmesurada aumentado con el consumo de el cigarro artesanal y sus gestos se volvían mas lentos hasta una conversación entre ellos que se realizaba en cámara lenta,, abstraídos de la realidad y sumergidos en sus propios laberintos que la realidad les mostraba y no se esforzaban por buscar otra forma de pasar las tardes de Colliq, era como ver un grupo de piedras de los cerros que trepaba y los muchachos no alcanzaban una posibilidad de cambiar a fuerza de voluntad.

Nosotros seguíamos concentrados en el tercer o cuarto partido de la tarde, jugamos a los goles, creo que era la mejor manera de pasar la tarde, porque sino completaba los cuatro goles el partido no terminaba, por ello podían pasar dos o tres horas y seguíamos jugando.

Mabel y Domenica, eran muy intimas amigas, Mabel era tía de unos de mis mejores amigos de infancia, la señora era una mujer de 1.70 mts. de altura muy alta para diferenciarse en esta parte de nuestros migrantes andinos, era blanca muy, tenia una figura esbelta muy proporcionada pero no bella ni linda, era una mujer que llamaba la atención, Domenica en cambio era baja en talla, mas rechoncha en silueta, muy oscurita pero con unos ojos que destellaban a la distancias, muchas veces mientras jugaba pasaban las dos féminas y volteaba a míralas tratando de entender su platica silenciosa y rutinaria, era lla curiosidad de saber que hacían dos mujeres jóvenes una casada y la otra con problemas matrimoniales circular todas las tardes y saludar a su sobrino José y este contestar tímidamente con un halo de vergüenza, no entendía esta escena que se repetía por las tardes y nosotros en nuestras batallas deportivas, otros en trabajos manuales y ellas en sus recorridos rutinarios. Más de una vez pregunte a José donde van tan puntualmente, me indicaba que era un paseo de amigas y nada mas. Mas tarde alguien me confesaría que, las féminas caminaban hacia el paradero de la línea 80 que cubría la ruta Año Nuevo – La Parada, por ello ahorraban pasaje caminando hasta el paradero inicial en las calles del sector bajo de Colliq. Tomaban el carro y que decía porque, nosotros jugábamos hasta ya iniciada la noche siete u ocho y miraba el camino al costado el la losa y ellas no regresaban, ya se habían retirado los muchachos de las artes manuales y algunos amigos pero de las féminas no había rastros, me decía, probablemente tomaron la ruta del camino paralelo entre el colegio y el cerro. Me retiraba a mi casa pensando en su Mabel que me parecía simpática a pesar de la dureza de sus rasgos propios de una vida de problemas que notaba y su mirada de inocencia y culpabilidad, su alegría contagiante que vi por algún instante y su frescura de mujer aventurera que me decía mis deducciones juveniles descubriendo alguna forma de identificar su personalidad, creo que fueron contadas las veces que estuve cerca de ella era muy alta y siempre sonreía, su figura era disimulad con ropa suelta y sin mucho color para no llamar la atención, contaban que su esposos era chofer interprovincial y estaba por Arequipa trabajando en alguna compañía que le permitía vacacionar cada dos mese o tres no se. Cuando me acostaba pensaba en ella, como se puede desplazar en libertad sin ningún control ni permiso y llevar todo esa humanidad por las polvorientas calles.

Dominica era una mujer mas rebelde con su matrimonio roto y su libertad e independencia asegurada le permitía hacer de su vida lo que mejor le areciera ella era cliente de mi madre de las ropa que vendía  y siempre note que era de una personalidad  muy depuesta a todo con sus bromas elevadas de color y humor y sabor, sus frases anecdóticas, casi refranescas para cada tema, era como dirían un criollo de ayer – tenia calle- . Sospechas por aquí por allá me llevaron a preguntar mas por las féminas y sus habituales recorridos, entre unos y otros, los mayores me confesarían que la amiga Dominica era frecuente servidora del prostíbulo San José, en la av. Aviación en La Parada y la había llevado de manera curiosa primero y luego por necesidad, mas tarde por gustos a Mabel a trabajar en el antiguo oficio de la humanidad.

Aun recuerdo la tarde de decepción que me provoco saber esto entre pena y vergüenza por mi inocencia ya madura no descubrir algo tan conocido por todos y callados hombres y mujeres viejos y niños.


Tags: Collique, historias, ocio

Publicado por miglipa @ 22:02
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